Hoy pienso que peor que no saber qué pensar es no saber qué sentir.
Es como perder la capacidad de escuchar un eco, o como tener que respirar pensando en respirar, sabiendo que tan bien se lo hace sin pensar. 
Es sentarse al lado de un teléfono sin tono, entre desvelado y estúpido, y llamar, llamar, llamar, llamar, llamar...

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