Un día te despertás y algo cambió, adentro.
(Cabe aclarar que uno puede despertar en cualquier momento. Por ejemplo, revolviendo el azúcar del fondo de un té. O sacándole punta a un lápiz. O, inclusive, en los segundos previos a quedarse dormido.)
Al principio lo buscás afuera y no lo encontrás. La sensación sigue estando y te inquieta, y entonces es cuando volvés la vista casi sin querer hacia vos, y ahí lo ves. Un universo. Te está creciendo un universo adentro.
Suele venir a mente la pregunta "¿qué hago con este universo?" y ahí está el primer error. El universo claramente está ahí por su cuenta, probablemente desde siempre. Uno nunca se pregunta qué se hace con las estrellas o con el sol, quizás por consideración, quizás por simple desinterés.
Lo cierto es que se puede reaccionar a él de muchos modos, tantos como personas hay en el mundo. 
Por ejemplo, se le puede temer. Una considerable cantidad de miedo combinado con el debido esfuerzo, permite ponerlo en un segundo plano, guardado en un frasquito detrás de objetos más brillantes, aunque menos luminosos.
Se lo puede guardar, sí: lo que varía es el lugar. Los sobreprotectores lo dejarán adentro, y los que carecen de seguridad en sí mismos lo guardarán en lugares de más confianza (objetos y personas por igual). Los más despreocupados lo dejarán correr por ahí, sin creer en invasores. 
(Ninguna opción es mejor que otra: en todos los casos, es parte de ese universo la que actúa por con nosotros, y la eternidad es una razón más que suficiente para no hacer juicios de valor.)
Imposible evitar ciertas dudas, de todos modos: "¿qué está desde antes, el universo o yo?" o "¿estoy yo hecho de esto o esto está hecho de mí?". "¿Hay alguna relación de dependencia entre nosotros? De ser así, ¿quién depende de quien?". "¿Esto es lo que querían comunicar cuando decían que estamos hechos de estrellas?"
(Mientras tanto el universo no se pregunta nada. La eternidad es una razón más que suficiente para no andar exigiendo respuestas.)

Cierto es que somos ese universo, lo que pasa es que hace falta una eternidad para aprender a ser.
 

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